Otra víctima yace en el suelo, otra víctima mortal. No puedo sentirme culpable, no siento que deba hacerlo. Yo no quería ser así, pero el tiempo acostumbra a cualquiera. Todo está tan silencioso... La oscuridad me sienta bien. Me recuerda mi soledad, mi infinita y vasta soledad. Me recuerda lo que soy y entonces, no debo pensar en lo que fui.
Caminar también me agrada, pero cuando no cargo un cuerpo como lo estoy haciendo ahora. Me molesta, pero es parte de mi vida. De todas formas, no pienso mucho en eso, en dos o tres años se encuentra el cuerpo en el bosque, se concluye que los osos son peligrosos y se acabó el tema.
El olor a pino me fascina, siempre y cuando le preste atención a ello. Muchas veces pensé en fijar mi residencia en el pueblo que hay por aquí cerca, pero entonces tendría que envejecer en este lugar, y la verdad, por ahora no pienso hacerlo.
Me siento bien solo. Creo firmemente que tener compañía es una excusa impuesta en algún tiempo de la historia por algún idiota sin autoestima que necesitaba de alguien más para llenar su propio vacío existencial. Yo, por el contrario, hago todo por y para mí mismo, no tengo responsabilidades ni debilidades por nadie. Voy a donde quiero, no pregunto, no obedezco, simplemente hago. Algunas veces la conciencia quiere hacerme entender lo que yo no. No la dejo. Me ha ido bien así como soy, no pienso que deba cambiar algunas actitudes.
A excepción de muchos otros, yo empecé a creer en Dios el día en que la Muerte llamó a mi puerta. Y heme aquí. De todas formas, yo no lo molesto y de la misma forma él no se mete conmigo. Yo estoy aquí y él está allá. Yo hago, y él observa, y ambos somos conscientes de que algún día nos veremos cara a cara. Ambos sabemos quién ganará al final. Y es por eso que no me molesto en agradarle.
La chica tirada en el otro margen del lago. Yo acá sentado, limpio e inocente en la orilla. Otra familia destruida, más llantos en el pueblo. Y ni siquiera sospechan de mí. Es bueno poder pensar en ello sin inmutarme, hubo un tiempo en el que, si no me conociera bien, hubiese pensado que me transformé al Opus Dei. Ahora, simplemente me es un hecho natural. Es instinto, es supervivencia.
En poco tiempo amanece, pero no tengo ganas de moverme aún. Este territorio es mío, mas no soy receloso a visitas, a veces hasta la paso bien. No considero amigo a ninguno de los míos, es un capricho propio. No veo porqué tengo que compartir con otro algo que es personal. Cuando vienen, cacería y nada más. Conversaciones sobre lo concreto: la comida, el lugar. Cualquiera que entra lo sabe, lo he dejado bien en claro.
Otro día se acerca. Yo ya no tengo deseos de permanecer despierto. Estoy saciado, sólo resta volver al hotel como un vampiro que se fue de juerga, como un joven normal que se fue de juerga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario