jueves, 14 de marzo de 2013
Hay veces que dejo salir al fantasma de mis recuerdos. Se para enfrente mío y me observa. Y yo lo observo. Y nos observamos. ¿Buscando qué? Exactamente no lo sé. No siento miedo, al contrario, me da paz sacarlo un rato de mi mente. Él me mira con aprensión, se podría decir con lástima. Casi con cansancio. Yo no atino a nada. Los recuerdos recientes están tatuados en esa cortina transparente. Los superados se van quemando para dar lugar a los nuevos, los frescos, los llenos de vida, los que me atormentarán las próximas horas. Pero este momento es glorioso. Este momento es de una paz cargada de tensión. Este momento sí, en el que nos observamos. No luchamos, sólo... nos observamos, sí, yo y los miles de recuerdos. Yo y el fantasma. Yo y yo.
Tengo ganas de estar en el campo. Caminar en el interminable sendero de tierra. Descansar. La ciudad apabullante como un mal sueño, las estrellas espiando mis pasos, miles de ellas. Olvidar todos los temas pendientes y que, simplemente, desaparezcan. Apreciar, detenerme, la serenata de grillos marcando el son de mis pasos nuevamente. Felicidad. Sentirme sujeta a esta tierra bendita y no a su mala gente.
miércoles, 6 de marzo de 2013
Llámame loca, porque aun puedo sentir como tus manos tibias recorren delicadamente cada parte de mi cuerpo desnudo, como se pierden en mi cintura y bajan lentamente hasta hacerme tocar el cielo.
Llámame loca, porque no puedo borrar el sabor dulce de tus besos que devoran mi sed de amar y el olor inconfundible de tu piel rosando con la mía hasta prenderse en un inmenso fuego de deseo y pasión.
Llámame loca, porque ahora, aquí sola, acompañada solo del recuerdo de aquel momento inolvidable, me aferro cuan alma perdida a la única idea que viaja por mi mente... (Tu.)
Llámame loca, porque me aferro a tu aliento el cual aun respiro, a tus caricias , las cuales aun siento, a tus besos los cuales aun saboreo en mi boca y a tu nombre, él único que se deja escuchar tras el silencio de la noche que no acaba y que despierta en mi el deseo de amar aun cuando tu, ya no estas.
Llámame loca... pero loca de amor.
Llámame loca, porque no puedo borrar el sabor dulce de tus besos que devoran mi sed de amar y el olor inconfundible de tu piel rosando con la mía hasta prenderse en un inmenso fuego de deseo y pasión.
Llámame loca, porque ahora, aquí sola, acompañada solo del recuerdo de aquel momento inolvidable, me aferro cuan alma perdida a la única idea que viaja por mi mente... (Tu.)
Llámame loca, porque me aferro a tu aliento el cual aun respiro, a tus caricias , las cuales aun siento, a tus besos los cuales aun saboreo en mi boca y a tu nombre, él único que se deja escuchar tras el silencio de la noche que no acaba y que despierta en mi el deseo de amar aun cuando tu, ya no estas.
Llámame loca... pero loca de amor.
domingo, 20 de enero de 2013
Otra víctima yace en el suelo, otra víctima mortal. No puedo sentirme culpable, no siento que deba hacerlo. Yo no quería ser así, pero el tiempo acostumbra a cualquiera. Todo está tan silencioso... La oscuridad me sienta bien. Me recuerda mi soledad, mi infinita y vasta soledad. Me recuerda lo que soy y entonces, no debo pensar en lo que fui.
Caminar también me agrada, pero cuando no cargo un cuerpo como lo estoy haciendo ahora. Me molesta, pero es parte de mi vida. De todas formas, no pienso mucho en eso, en dos o tres años se encuentra el cuerpo en el bosque, se concluye que los osos son peligrosos y se acabó el tema.
El olor a pino me fascina, siempre y cuando le preste atención a ello. Muchas veces pensé en fijar mi residencia en el pueblo que hay por aquí cerca, pero entonces tendría que envejecer en este lugar, y la verdad, por ahora no pienso hacerlo.
Me siento bien solo. Creo firmemente que tener compañía es una excusa impuesta en algún tiempo de la historia por algún idiota sin autoestima que necesitaba de alguien más para llenar su propio vacío existencial. Yo, por el contrario, hago todo por y para mí mismo, no tengo responsabilidades ni debilidades por nadie. Voy a donde quiero, no pregunto, no obedezco, simplemente hago. Algunas veces la conciencia quiere hacerme entender lo que yo no. No la dejo. Me ha ido bien así como soy, no pienso que deba cambiar algunas actitudes.
A excepción de muchos otros, yo empecé a creer en Dios el día en que la Muerte llamó a mi puerta. Y heme aquí. De todas formas, yo no lo molesto y de la misma forma él no se mete conmigo. Yo estoy aquí y él está allá. Yo hago, y él observa, y ambos somos conscientes de que algún día nos veremos cara a cara. Ambos sabemos quién ganará al final. Y es por eso que no me molesto en agradarle.
La chica tirada en el otro margen del lago. Yo acá sentado, limpio e inocente en la orilla. Otra familia destruida, más llantos en el pueblo. Y ni siquiera sospechan de mí. Es bueno poder pensar en ello sin inmutarme, hubo un tiempo en el que, si no me conociera bien, hubiese pensado que me transformé al Opus Dei. Ahora, simplemente me es un hecho natural. Es instinto, es supervivencia.
En poco tiempo amanece, pero no tengo ganas de moverme aún. Este territorio es mío, mas no soy receloso a visitas, a veces hasta la paso bien. No considero amigo a ninguno de los míos, es un capricho propio. No veo porqué tengo que compartir con otro algo que es personal. Cuando vienen, cacería y nada más. Conversaciones sobre lo concreto: la comida, el lugar. Cualquiera que entra lo sabe, lo he dejado bien en claro.
Otro día se acerca. Yo ya no tengo deseos de permanecer despierto. Estoy saciado, sólo resta volver al hotel como un vampiro que se fue de juerga, como un joven normal que se fue de juerga.
Caminar también me agrada, pero cuando no cargo un cuerpo como lo estoy haciendo ahora. Me molesta, pero es parte de mi vida. De todas formas, no pienso mucho en eso, en dos o tres años se encuentra el cuerpo en el bosque, se concluye que los osos son peligrosos y se acabó el tema.
El olor a pino me fascina, siempre y cuando le preste atención a ello. Muchas veces pensé en fijar mi residencia en el pueblo que hay por aquí cerca, pero entonces tendría que envejecer en este lugar, y la verdad, por ahora no pienso hacerlo.
Me siento bien solo. Creo firmemente que tener compañía es una excusa impuesta en algún tiempo de la historia por algún idiota sin autoestima que necesitaba de alguien más para llenar su propio vacío existencial. Yo, por el contrario, hago todo por y para mí mismo, no tengo responsabilidades ni debilidades por nadie. Voy a donde quiero, no pregunto, no obedezco, simplemente hago. Algunas veces la conciencia quiere hacerme entender lo que yo no. No la dejo. Me ha ido bien así como soy, no pienso que deba cambiar algunas actitudes.
A excepción de muchos otros, yo empecé a creer en Dios el día en que la Muerte llamó a mi puerta. Y heme aquí. De todas formas, yo no lo molesto y de la misma forma él no se mete conmigo. Yo estoy aquí y él está allá. Yo hago, y él observa, y ambos somos conscientes de que algún día nos veremos cara a cara. Ambos sabemos quién ganará al final. Y es por eso que no me molesto en agradarle.
La chica tirada en el otro margen del lago. Yo acá sentado, limpio e inocente en la orilla. Otra familia destruida, más llantos en el pueblo. Y ni siquiera sospechan de mí. Es bueno poder pensar en ello sin inmutarme, hubo un tiempo en el que, si no me conociera bien, hubiese pensado que me transformé al Opus Dei. Ahora, simplemente me es un hecho natural. Es instinto, es supervivencia.
En poco tiempo amanece, pero no tengo ganas de moverme aún. Este territorio es mío, mas no soy receloso a visitas, a veces hasta la paso bien. No considero amigo a ninguno de los míos, es un capricho propio. No veo porqué tengo que compartir con otro algo que es personal. Cuando vienen, cacería y nada más. Conversaciones sobre lo concreto: la comida, el lugar. Cualquiera que entra lo sabe, lo he dejado bien en claro.
Otro día se acerca. Yo ya no tengo deseos de permanecer despierto. Estoy saciado, sólo resta volver al hotel como un vampiro que se fue de juerga, como un joven normal que se fue de juerga.
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