domingo, 29 de abril de 2012

Un domingo como hoy.

Hoy me levanté con el ruido de mi viejo ojeando el diario. Todos los domingos el que me despierta (y me pone chinchuda cabe aclarar) es él. Pero hoy fue diferente. Hoy sentía una gran paz, sentía ese olor a domingo de familia, pero me di cuenta que no era el típico, no. Era un domingo de campo. De todas formas, los días que paso en el campo son todos domingos. Ya estoy soñando con volver a ir, pero ese es otro tema. Hoy me levanté y me hice una buena taza de chocolatada caliente, me sentí lejos del barullo de la ciudad, por más que el barrio sea tranquilo y más bien silencioso. Me puse a leer, tranquila, día de huevo en la cama, día gris, o como dice mi vieja "ni chicha ni limonada". Me sumergí un rato en una historia, me alejé de la realidad una vez más, hasta que volví en mí cuando escuché el clásico "a comer" de la patrona. Lo primero que capté fue el sonido del televisor. Mi viejo mirando el TC. Mi vieja hizo los típicos fideos con salsa de los viejos y lejanos domingos. Me levanté y al instante me puse a pensar "cómo voy a extrañar estos domingos cuando ya no estén. ¿Qué voy a hacer entonces?" Y me di cuenta que ya estaba faltando alguien. "Lindas eran las tardes que pasábamos juntos, Mati", pensé. Quería congelar ese momento, vivir ahí por siempre, con mi viejo viendo el TC y mi vieja con sus fideos, me trajo tantos recuerdos... Momentos de felicidad interminable, las cuatro sillas ocupadas, las tardes de ocio mirando la tele con mi hermano, las salidas, los viajes... Al final me terminé enganchando con el TC, haciendo alguna que otra pregunta a mi viejo, comiendo los fideos de mi vieja, <sigue faltando uno> y entre bocado y bocado me agarró una nostalgia impresionante. Uno de esos momentos en los que pensás cosas que quizás no deberías, pero lo hacés igual y te querés pinchar la yugular con el tenedor. "Ganó Altuna" y qué carajo me importaba ya, tenía una crisis a medio fundar encima mío. Un sentimiento de soledad me invadió, ¿para qué voy a ir al campo cuando mi viejo no esté? ¿Con qué ganas voy a ir cuando no esté? ¿Qué sentido va a tener el viaje? ¡Qué feo sería no volver! Y haciendo zapping aparece Argentino Luna con su punteo inigualable de guitarra y le pone música a mi tristeza que debería ser del futuro, pero me agarró temprano. Hoy. Hace unas horas. A la tarde me apareció un video de Kendo Kaponi en Youtube y me acordé de mi hermano. Le escribí el muro, qué frío se sintió eso. Me acordé de la calidez de su placaje cuando jugábamos al rugby en el patio, las risas y los golpes sin importar el dolor. Eso era jugar, no una partida de Triviador por Facebook.
   Y ahora, mientras en Crónica pasan un especial de Luna y estamos los cuatro, perdón, tres, mirándolo, me vine a escribir al blog. Que me parta un rayo, no quiero pensar más en esto.

jueves, 19 de abril de 2012

Instrucciones para dar cuerda al reloj


"Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa."


Julio Cortázar.

martes, 17 de abril de 2012

domingo, 15 de abril de 2012

El verdugo

Estoy tan cansada... Me acuesto sobre este lecho de huesos esperando lo único que puede venir a por mi. Esta vez no sé quién soy. ¿Dónde estarán todos? Acá se siente tan frío, tan oscuro, puedo sentir el dolor y la aflicción de los que yacen acá conmigo, tan silenciosos como un desierto de hielo. Las horas pasan y me desespero, nada, nadie, viene a por mí. No sé que sucede, me remuevo un poco y un hueso se quiebra abajo mío. Perdón, susurro, a quien quiera que le haya roto una costilla. Suspiro, no sé si me va a perdonar o no. ¿Quién habrá sido éste? A mí es a la única que me puede llegar a importar. Bueno, tengo que hacer algo mientras espero. Se vé una luz. Un haz de luz directo desde el techo. Cae en diagonal, iluminando este paradero tan desolado. Más huesos, como lo imaginé. Acá y allá, por todos lados. Y ese que iba a venir por mí no llega. El quebrado no me contestó, así que supongo que no le va a molestar que le rompa un par de huesos más mientras me levanto y camino un poco. No, a éste tampoco le molesta, a este otro tampoco y estoy segura que a aquel menos. Pero a pesar de todo, me cuido de no pisar ningún cráneo, eso es otra cosa, es harina de otro costal. El crujido es lo único que se escucha y ni siquiera hace eco, ¿en dónde estoy? Esta soledad hiriente empieza a fastidiarme.¿Cómo terminé acá? ¡Crack! A éste lo pisé con ganas. Voy a empezar a hacer estragos, a ver si se apuran y me vienen a buscar. Más "crack" se escuchan y ahora sí parecen hacer eco. ¿Así que esto es lo que tengo que hacer para que reaccione algo en este páramo de la muerte?, no puedo evitar pensar. Estoy tan agitada de saltar como un indio que me detengo, apoyando las manos en las rodillas. Elevo lentamente la cabeza y me encuentro con un cráneo enterito a dos metros de distancia, mirándome. Sí, a mí, ¿a quién más? Me sonríe maliciosamente, invitándome a destrozarlo, a hacerlo pedazos. Le devuelvo la sonrisa. ¿Pensás que no puedo aniquilarte, pedazo de cosa estúpida? Y acto seguido, tomo velocidad, acorto la distancia y le doy una patada limpia directo al agujero de la nariz, mandándolo a volar y sentir en pocos segundos cómo choca contra algo, una pared. Me detengo a pensarlo y sonrío y al instante, no lo puedo evitar, me largo a reír. Me acerco lentamente entre risas histéricas que me dan escalofríos, pero no importa, ya debía de estar loca antes si terminé acá. Sigo caminando, esperando ver los pedacitos de aquella cosa fea que me miraba, pero no llego más al lugar. Me detengo, ¿qué cambió? ¡Crack! Esa no fui yo, el sonido vino desde mis espaldas, más o menos del lugar en donde yo pateé la cabeza. Siento como se me hiela la sangre, el corazón se refugia en el estómago, me colapsa el cerebro por un momento, el alma se me va a los pies del miedo y no reacciono. Tiemblo, pero no hace frío y tengo una cazadora negra. Los pantalones de gimnasia no parecen ser suficientes, no siento las piernas, pero con un leve movimiento me doy cuenta de que siguen ahí.
-Vas a tener que responder por eso.-dice la voz y siento como si un cubito descendiese por mi columna vertebral.
¿Una voz? ¿Qué rayos...? Basta, tengo que darme la vuelta, es peor si no lo veo. Giro de a poco, congelada de miedo y con la boca entreabierta. Pero no hay nada. No, no es eso, el haz de luz ya no está. Lo único que puedo ver (o imaginar, a esta altura ya perdí cualquier capacidad de razonamiento) es la leve neblina al expulsar mi aliento. Entonces lo veo: dos ojos, brillantes como los de un perro en la oscuridad. ¿Será eso? Claro que no hablan pero... Oh, mierda, se acercan a mí. Y a pasos agigantados. No, no es un perro, es un monstruo. Algo en mí me grita, me pide, me ORDENA que reaccione, pero ¡YA! Y por lo visto estaba caminando hacia atrás segundos después de que se moviera aquello, porque ahora lo noto, me estoy tropezando torpemente. Me giro y empiezo a correr, sin mirar atrás. No sé dónde está la pared pero no importa, no al menos hasta que choque con ella. Corro y corro, sin ver absolutamente nada, confiándome ciegamente de los otros sentidos que no son inútiles en este momento. Puedo sentir mi corazón retumbando en mi cabeza, mezclándose con el crujido de los huesos. Lo siento más cerca, casi encima... Y su agarre por el cuello es fuerte pero humano. Dejo de correr abruptamente y chillo, aún sin confiar en su tacto, pero me cierra la boca con la mano disponible. Las lágrimas hacen su aparición y también un nuevo haz de luz. Siento su respiración detrás de mi oreja pero no puedo ni siquiera pensar en moverme. Entonces él lo hace y pierdo cualquier vestigio de miedo. Un musculoso rubio de ojos aguamarina sigue sosteniéndome del cuello pero ya no me tapa la boca y yo ya no quiero chillar. Al final vino a por mí, aunque yo no sepa bien quién es.

sábado, 14 de abril de 2012

It's trying everything to bring me down.

Hoy no tengo muchos ánimos para pensar demasiado en nada. Es como si doliera intentarlo siquiera. Los días se suceden sin que pase nada emocionante, todo pasa, todo llega, todo termina, empiezo de nuevo. ¿Y después qué? Nada. Silencio. Oscuridad. Parece como si hubiese perdido el camino de vuelta a casa. ¿Qué hago? ¿A dónde voy? El final se acerca y me asusta tanto que quiero correr hacia atrás lo más rápido posible, pero siento como si estuviera en una cinta transportadora haciendo el esfuerzo más inútil de todos. En lo que a hoy respecta, quisiera congelar este momento y no ir hacia ninguna dirección.

jueves, 5 de abril de 2012

Todo se transforma, nada se destruye~



Estaba oscuro y frío. Pero al intentar zafarse de lo que sea que fuera eso, se dio cuenta de que todavía no era hora. No podía luchar contra ese muro, no es que no tuviera fuerza, es que era algo que no podía controlar. Todos los días lo intentaba, se daba la cabeza contra ese paredón impenetrable, esperando por el día. Los sonidos procedentes del exterior lo atraían de manera impensable, lo llamaban, lo tentaban, y volvía a dar golpes y puñetazos contra algo que estaba fuera de su alcance. Quería ver, vivir, sentir, respirar esa vida, pero no había manera, por mucho que luchara, aún faltaba tiempo. Entonces, un día, lentamente dejó de rebelarse, y descubrió con gran asombro lo acogedor que era ese muro negro, lo oscuro se volvió color, y el silencio en una utopía. Se sentía a gusto así como estaba, pero fue ahí cuando el cascarón se abrió. Y por más que quise volver el tiempo atrás, lo único que me quedaba era un cascarón sobre el cual llorar.