Hoy me levanté con el ruido de mi viejo ojeando el diario. Todos los domingos el que me despierta (y me pone chinchuda cabe aclarar) es él. Pero hoy fue diferente. Hoy sentía una gran paz, sentía ese olor a domingo de familia, pero me di cuenta que no era el típico, no. Era un domingo de campo. De todas formas, los días que paso en el campo son todos domingos. Ya estoy soñando con volver a ir, pero ese es otro tema. Hoy me levanté y me hice una buena taza de chocolatada caliente, me sentí lejos del barullo de la ciudad, por más que el barrio sea tranquilo y más bien silencioso. Me puse a leer, tranquila, día de huevo en la cama, día gris, o como dice mi vieja "ni chicha ni limonada". Me sumergí un rato en una historia, me alejé de la realidad una vez más, hasta que volví en mí cuando escuché el clásico "a comer" de la patrona. Lo primero que capté fue el sonido del televisor. Mi viejo mirando el TC. Mi vieja hizo los típicos fideos con salsa de los viejos y lejanos domingos. Me levanté y al instante me puse a pensar "cómo voy a extrañar estos domingos cuando ya no estén. ¿Qué voy a hacer entonces?" Y me di cuenta que ya estaba faltando alguien. "Lindas eran las tardes que pasábamos juntos, Mati", pensé. Quería congelar ese momento, vivir ahí por siempre, con mi viejo viendo el TC y mi vieja con sus fideos, me trajo tantos recuerdos... Momentos de felicidad interminable, las cuatro sillas ocupadas, las tardes de ocio mirando la tele con mi hermano, las salidas, los viajes... Al final me terminé enganchando con el TC, haciendo alguna que otra pregunta a mi viejo, comiendo los fideos de mi vieja, <sigue faltando uno> y entre bocado y bocado me agarró una nostalgia impresionante. Uno de esos momentos en los que pensás cosas que quizás no deberías, pero lo hacés igual y te querés pinchar la yugular con el tenedor. "Ganó Altuna" y qué carajo me importaba ya, tenía una crisis a medio fundar encima mío. Un sentimiento de soledad me invadió, ¿para qué voy a ir al campo cuando mi viejo no esté? ¿Con qué ganas voy a ir cuando no esté? ¿Qué sentido va a tener el viaje? ¡Qué feo sería no volver! Y haciendo zapping aparece Argentino Luna con su punteo inigualable de guitarra y le pone música a mi tristeza que debería ser del futuro, pero me agarró temprano. Hoy. Hace unas horas. A la tarde me apareció un video de Kendo Kaponi en Youtube y me acordé de mi hermano. Le escribí el muro, qué frío se sintió eso. Me acordé de la calidez de su placaje cuando jugábamos al rugby en el patio, las risas y los golpes sin importar el dolor. Eso era jugar, no una partida de Triviador por Facebook.
Y ahora, mientras en Crónica pasan un especial de Luna y estamos los cuatro, perdón, tres, mirándolo, me vine a escribir al blog. Que me parta un rayo, no quiero pensar más en esto.
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